Trasfondo
A finales del siglo XXI y principios del XXII, la situación en la Tierra era insostenible. El derrumbamiento del sistema capitalista a escala mundial, a mediados del siglo XXI, dejó paso a un mundo de caos, guerras y escasez de recursos. Se destruyeron naciones y nacieron otras nuevas, mientras la ciencia y el avance tecnológico se estancaban como consecuencia del gran colapso.
A mediados del siglo XXII, las grandes guerras llegaron a su fin y nació un nuevo gobierno global que acabaría dominando toda la Tierra. Sin embargo, la sobrepoblación, las enfermedades y el deterioro del planeta hacían imposible mantener aquella situación durante mucho más tiempo. Después de décadas de grandes catástrofes ambientales, solo un reducido porcentaje de la superficie terrestre seguía siendo habitable. La humanidad debía abandonar su primer hogar y habitar las estrellas.
En el año 2153 dio comienzo el Éxodo.
Gracias a la tecnología capaz de terraformar planetas y convertir entornos hostiles en lugares habitables para los seres humanos, cientos de naves partieron en todas direcciones. Las élites y las clases altas fueron seleccionadas para establecerse en mundos escogidos por su riqueza y capacidad natural para albergar vida. Obreros, parias, disidentes, delincuentes y clases bajas en general fueron enviados con los recursos básicos para, si tenían suerte, comenzar una nueva vida y terraformar planetas mucho menos prometedores, siempre bajo la supervisión del recién creado Gobierno Central de Terra.
Pero todo eso es historia. Han pasado casi doscientos años desde el inicio del Éxodo. Estamos en el año 2326, y han ocurrido muchas cosas desde entonces.
Las Colonias Unidas de Terra mantienen actualmente más de noventa grandes colonias habitadas por seres humanos. Estos planetas, satélites, estaciones y asteroides se dividen oficialmente en tres grandes categorías:
- Colonias de Clase 1: mundos ricos, muy poblados y con un alto nivel de desarrollo. Son también aquellos donde la presencia de la UCT resulta más evidente.
- Colonias de Clase 2: planetas y satélites de importancia estratégica y riqueza moderada, normalmente poco poblados y con niveles de desarrollo muy variables.
- Colonias de Clase 3: planetas, satélites, estaciones y asteroides pobres, escasamente habitados, con un nivel de desarrollo bajo y una presencia mínima del Gobierno Central de Terra.
En principio, cada colonia dispone de su propio autogobierno y, dentro de ciertos límites, de sus propias leyes. En la práctica, todas deben someterse a las normas y regulaciones de las Colonias Unidas de Terra, que mantienen inspectores, delegaciones y embajadas en la mayoría de los mundos habitados.
Durante los últimos años, las revueltas se han vuelto frecuentes. Numerosos grupos disidentes realizan acciones de guerrilla contra la UCT, e incluso ha habido planetas que se han declarado independientes. No suelen durar demasiado. El poderío militar del Gobierno Central de Terra supera con creces al de cualquier colonia autónoma, y la UCT controla buena parte de la riqueza y las principales rutas comerciales de los sectores cartografiados.
El núcleo de Colonias de Clase 1 está fuertemente protegido por las fuerzas militares de Terra, pero los planetas más alejados y menos ricos tienen que recurrir con frecuencia a empresas privadas de seguridad, grupos de mercenarios y contratistas independientes. Los ejércitos privados son un buen negocio en estos mundos, y el Gobierno Central los tolera mientras no supongan una amenaza para sus intereses. Para trabajos más delicados, especialmente aquellos que requieren discreción y poca atención oficial, suele recurrirse a grupos especializados mucho más pequeños.
Ambientación
Durante el Éxodo, muchos grupos se presentaron voluntarios para colonizar juntos otros planetas. Poderosas organizaciones religiosas, por ejemplo, llegaron a fletar sus propias naves con la intención de construir nuevas sociedades basadas en sus creencias. Grupos étnicos, movimientos políticos, comunidades religiosas, científicos y toda clase de colectivos intentaron levantar sus propias civilizaciones lejos de la Tierra.
Pocos tuvieron éxito. Las dificultades del viaje espacial y de la colonización acabaron con muchos de ellos, mientras que otros fueron saboteados por intereses políticos o económicos. Algunos, sin embargo, prosperaron. Por eso, durante vuestros viajes encontraréis colonias radicalmente distintas entre sí, descendientes de aquellas primeras comunidades de colonos.
No será extraño encontrar mundos cuyas sociedades conservan costumbres orientales, planetas habitados por comunidades religiosas radicales o satélites que recuerdan al Salvaje Oeste, aunque todos ellos puedan disponer, en mayor o menor medida, de tecnología avanzada. Muchos de aquellos colonos partieron con poco más de lo imprescindible para cultivar alimentos y generar aire respirable en planetas hostiles. Los grupos más ricos lograron construir sociedades modernas y prósperas; otros sobreviven como pueden, organizados de maneras que podrían recordar a los siglos XVII o XVIII.
No penséis que esta es una historia de héroes contra el mal. No hay señores de las pesadillas ni dioses oscuros empeñados en esclavizar a la humanidad. El enemigo de esta partida es mucho más familiar: la codicia humana. Una sociedad oprimida por un gobierno autoritario que favorece a los más ricos y, en demasiadas ocasiones, decide quién vive y quién muere.
Tampoco tenéis por qué ser los héroes rebeldes destinados a salvar el mundo. Quizá acabéis colaborando con la UCT. Quizá decidáis sabotearla, uniros a algún grupo rebelde o incluso liderar algún día una flota y luchar junto a las colonias independientes. Todo eso suena bien, pero antes tendréis que sobrevivir.
Sois la tripulación de una nave que se cae a pedazos. En este mundo, la reputación que os labréis es esencial. Dependiendo de cómo hagáis vuestro trabajo, podéis terminar con las autoridades pisándoos los talones o con un puñado de corporaciones cabreadas dispuestas a asegurarse de que nadie vuelva a contrataros. Y vais a tener que empezar desde abajo.
Por supuesto, la historia será más épica si tiene algún toque heroico, pero, ante todo, vuestras decisiones deben tener sentido. En este mundo sobrevivir es difícil y caro. Antes de enfrentaros a mil peligros por vuestros principios tendréis que manteneros calientes, alimentados y vivos. Por eso, cuando creéis vuestros personajes, pensad qué los motiva a llevar una vida así en lugar de haberse quedado cultivando una granja polvorienta en algún planeta medianamente pacífico. ¿Huís de algo? ¿Buscáis aventuras? ¿Lo hacéis por dinero? ¿O simplemente no sabéis vivir de otra manera?
Tecnología
Los primeros grupos que abandonaron la Tierra lo hicieron a bordo de enormes naves que, equipadas con los primitivos motores de salto, tardarían muchos años en alcanzar sus destinos. Quizá incluso quede alguna de aquellas viejas arcas todavía viajando por algún rincón desconocido del espacio.
Con el paso de los años, los motores de salto fueron perfeccionándose y haciéndose accesibles para naves de todo tipo. Los modelos actuales permiten cubrir enormes distancias en un tiempo relativamente corto, pero el espacio sigue siendo inmenso y las distancias, colosales. Un motor de salto convencional puede recorrer aproximadamente un pársec por semana de viaje. Los saltos son maniobras peligrosas y requieren naves especialmente acondicionadas para realizarlos, mientras que los desplazamientos dentro de un mismo sistema se realizan normalmente a velocidades sublumínicas.
En otras palabras, cualquier viajero debe planificar bien sus movimientos. Viajar por el espacio continúa siendo una actividad peligrosa que requiere tiempo, recursos y preparación. Atravesar de punta a punta los sectores cartografiados bajo el control de las Colonias Unidas de Terra puede suponer varios meses de viaje.
En cuanto a las comunicaciones, sorprendentemente este futuro no es tan distinto del pasado. La enorme disparidad tecnológica entre las colonias impide la existencia de un sistema único y centralizado que canalice automáticamente las comunicaciones como hacía la antigua Internet terrestre. Las colonias más avanzadas disponen de redes de satélites a las que los viajeros pueden conectarse para acceder a comunicaciones, bases de datos y servicios de información. Las colonias de menor categoría, en cambio, pueden disponer únicamente de intranets locales o incluso de simples sistemas de radio de corto alcance.
Las comunicaciones de datos entre sistemas dependen de una red de repetidores que utiliza tecnología cuántica para transmitir pequeños paquetes de información a grandes distancias. El sistema permite una comunicación relativamente rápida, pero su ancho de banda es extremadamente reducido, por lo que resulta imposible transmitir grandes cantidades de datos de esta forma. Son, por buscar un símil, telégrafos espaciales: permiten enviar mensajes de texto entre sectores en cuestión de horas en lugar de esperar semanas a que una nave transporte físicamente la información.
El armamento, como casi todo en este futuro, es tremendamente desigual. En las colonias exteriores, donde la autoridad del Gobierno Central de Terra apenas alcanza, es habitual que los habitantes se responsabilicen de su propia protección y posean o porten armas. En los mundos más civilizados, en cambio, suelen estar fuertemente restringidas.
Las armas de fuego están especialmente controladas a bordo de las naves, donde una perforación del casco puede resultar fatal para toda la tripulación. Por este motivo, en zonas civilizadas y entornos espaciales son habituales las armas con munición de goma, proyectiles de baja penetración y sistemas de incapacitación eléctrica. Paradójicamente, el tabú alrededor de las armas de fuego ha provocado también que muchas tripulaciones recurran a soluciones mucho más antiguas, como cuchillos, sables y otras armas de filo.
Existen sistemas de armamento mucho más avanzados, como las armas de plasma o de pulsos electromagnéticos, pero suelen encontrarse bajo el estricto control de las fuerzas militares y los agentes de la UCT. Fuera de zonas de guerra o de unidades especializadas, hacerse con uno de estos dispositivos no resulta sencillo.
Lo Desconodido
Han pasado casi cuatro siglos y medio desde que Neil Armstrong pisó la Luna por primera vez. La humanidad ha explorado y cartografiado muchos pársecs más allá de la Tierra y, aun así, seguimos sin haber encontrado otra forma de vida inteligente. Por supuesto, circulan historias entre viajeros de toda la galaxia: encuentros extraños, luces inexplicables y figuras apenas vislumbradas en lugares donde no debería haber nadie. Hasta ahora, nadie ha conseguido demostrar que esos relatos sean algo más que historias.
Sí se han encontrado formas de vida microscópica. Algunas bacterias extraterrestres han resultado tan peligrosas para los organismos terrestres que planetas enteros permanecen sometidos a cuarentenas indefinidas. También existen indicios de que formas de vida macroscópica pudieron habitar otros mundos en el pasado. Xenoarqueólogos y xenobiólogos han descubierto en sistemas remotos huellas y restos que podrían pertenecer a animales desaparecidos hace miles o millones de años, aunque estos hallazgos son extremadamente raros y continúan siendo objeto de estudio y controversia.
Hay incluso quien habla de ruinas antiguas, restos de civilizaciones que habrían existido millones de años antes que nosotros. Pero tampoco hay que creerse cualquier cosa que uno lea en los tablones de las redes no gubernamentales, ¿verdad?
La vida lejos de la Tierra también ha provocado cambios en las propias especies terrestres. Animales que han vivido durante generaciones en colonias con distintas densidades atmosféricas, composiciones ambientales o niveles de gravedad han desarrollado adaptaciones a lo largo de los siglos. Algunas de estas poblaciones pueden considerarse ya variedades autóctonas de sus respectivas colonias extraterrestres.
Los seres humanos no son una excepción. Generaciones enteras criadas en mundos de baja gravedad presentan adaptaciones fisiológicas que pueden dificultarles enormemente la vida en planetas con una gravedad cercana a la terrestre. Para algunos habitantes de las colonias exteriores, caminar sobre la superficie de Terra sin asistencia puede llegar a ser prácticamente imposible.
Más inquietante ha sido la aparición de los psíquicos. O quizá siempre estuvieron entre nosotros. Tras décadas de investigación, las Colonias Unidas de Terra han conseguido identificar y catalogar determinadas capacidades psíquicas, entre ellas la telepatía y la telequinesis, además de otros fenómenos mucho menos comprendidos.
Los psíquicos son considerados extremadamente peligrosos y están sometidos a una búsqueda y vigilancia constantes por parte de las autoridades de la UCT. El Gobierno Central de Terra solo les permite llevar una vida relativamente libre cuando aceptan incorporarse al Cuerpo Psíquico, donde son registrados, entrenados y puestos al servicio del Estado como agentes especializados. Para los demás, las alternativas son escasas: esconderse, huir o esperar que nunca descubran lo que son.
